En nuestro día a día repetimos un montón de actos de manera automática. Nos levantamos, desayunamos más o menos lo mismo, vamos por las mismos caminos… seguimos una rutina. Está bien, a muchas personas les da seguridad y muchas otras pensarán: “que remedio”. Los hábitos no tienen nada de malo, cuando puedes elegir. Lamentablemente muchos vivimos encarcelados en ellos; ya no en una rutina, sino a la hora de actuar, de relacionarnos, de reaccionar. La mayoría de las personas nos acomodamos a una “manera de ser”. Como decía antes nos da seguridad, sabemos dónde nos movemos, es nuestra zona de confort. Reaccionamos siempre de la misma manera, aunque lo que tengamos delante sea distinto. Ya desde pequeños nos “encasillan” (este niño es bueno, o es trabajador, o es perezoso, o esta niña es muy inteligente, o es chapucera, o muy creativa…). Todos y todas vivimos con esas etiquetas desde muy temprano (también oímos: este bebé es…).

El problema viene cuando la etiqueta nos la creemos y la integramos como parte de nuestro ser, de nuestra realidad. Si en tu subconsciente tienes una información a cerca de ti, difícilmente vas a contradecirla. Es por esto que el “yo soy” seguido de un adjetivo, no nos deja ser libres, nos limita… nos encarcela en una manera de actuar, de reaccionar, de relacionarnos. Por ejemplo, una persona que se identifica con un “yo soy” perezoso, automáticamente va a rechazar cosas nuevas, va a posponer sus tareas, a va intentar delegar, va a ser más casera… En un principio no nos parece que sea un problema, porque si “soy así” no quiero hacer otra cosa. Pero normalmente, ese juicio es un juicio externo y ha venido de alguien que juzgaba desde SU visión, que no tiene porque ser objetiva. Entonces, estamos viviendo una vida en función de lo que alguien (seguramente una figura de referencia) pensó a cerca de nosotros. Y tal vez llegue el día en que nos preguntemos por qué he dejado de hacer tantas cosas…

Puede que pienses que hay unos “yo soy…” más positivos que otros; tal vez… pero cuando una persona tiene una etiqueta “mejor” (como podrían ser buena, inteligente, amable, honesta…) DEBE de cumplir también esas expectativas y muchas veces no es fácil… Normalmente nos equivocamos, obramos egoístamente o somos injustos, somos humanos… y en esos momentos estaremos defraudándonos (a nosotros y a quien nos etiquetó), sufriremos por no estar siendo como “deberíamos ser”. En conclusión el “yo soy…” no te deja ser libre ni vivir en paz.

¿Qué tal si en lugar de eso pudieras actuar en cada momento de la manera que consideraras oportuna, siendo libre, sin ninguna tendencia o hábito? Si flotaras por encima de las situaciones como ajeno o ajena a ellas, libre de opiniones previas, libre de tus experiencias ¿Crees que las cosas podrían ser diferentes? Has pensado en cómo te relacionas con la gente, con tu pareja, tus amigos y amigas, con tu familia… tenemos unos “roles” que nos limitan, que nos hacen actuar y ser siempre igual, aunque no sea lo que deseamos. Tenemos incluso patrones neuronales que se activan, que nos llevan a hacer lo mismo de manera automática. Son rutas neuronales activadas por un detonante, una situación conocida/parecida. Por este motivo somos “esclavos” de nuestras experiencias. ¿Has sentido alguna vez que los resultados que obtienes son siempre los mismos? Es muy común que las personas comenten: al final siempre elijo el mismo tipo de parejas; ante tal persona siempre me quedo callado; no sé como… pero siempre acabamos discutiendo, etc. Ante una situación concreta actuamos con automatismos, como creemos que somos y no como queremos; y lo peor es que ni siquiera somos así, solo pensamos que lo somos: porque nos lo han dicho o lo hemos deducido… A veces nos juzgamos y encasillamos nosotros mismos por situaciones pasadas, pero he aquí una buena noticia… TÚ NO ERES, ESTÁS. Y con esta afirmación llega la gran libertad que te permite hacer lo que deseas hacer, y estar como quieras estar; porque pudiste estar enfadado muchas veces, pero eso no te define, eres capaz de no estarlo, de ser amable, feliz, divertido…. Aunque los últimos 50 años hayas ESTADO enfadado. Por suerte, no es permanente. Solo debes desear estar de otra manera. Un primer paso es ser capaz de tomar conciencia y querer salir de donde estás…

Te invito a que por un día, intentes salir del papel en el que estás, del rol que juegas, de tu “manera de ser” y que antes de actuar pienses como te gustaría hacerlo. A ver que sucede… Ten en cuenta que habrá dentro de ti una tendencia a hacer lo que sueles hacer, algo que te “invita” a hacer lo que estás acostumbrado. Este es tu ego, luchando contra el cambio… pero esto lo dejo para otro post 😉

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