Este es el artículo que más me ha costado escribir ¡con mucha diferencia!. Ahora verás porqué.

Muchos de los artículos que escribo, los escribo cuando estoy bien. Me siento conectada, contenta, motivada… y entonces me pongo a escribir. Otras veces, me pongo a escribir para sentirme conectada, contenta y motivada :). La historia es que hay veces que no quiero ni escribir ni hacer nada, que estoy “mal”, yo también me siento desmotivada, dolorida, enfadada… y entonces ¿qué? Creo que cualquier persona que diga que siempre está bien, miente o no se percibe realmente; tal vez solo sea mi creencia… pero para mí la vida está llena de cosas maravillosas y de cosas que preferiría no vivir. Y es en estos momentos (por los que preferiría no pasar) cuando me cuesta más aplicar todo lo que sé, las técnicas, las estrategias, incluso pedir ayuda. Más abajo voy a explicarte algún truco para salir de estos momentos de malestar, pero ahora voy a hablarte de mí.

He estado tiempo sin escribir, porque llevo casi 20 días de baja (se dice pronto… para mí han sido como 20 años, no se me da nada bien estar mal). He tenido una lumbociática muy aguda, que no me permitía andar y que no remitía con analgésicos, ni con relajantes musculares, ni con antiinflamatorios, ni con tratamientos naturales, ni con masajes… He estado realmente dolorida. Y me ha costado mucho salir de ahí: del dolor, de la frustración, del miedo, de la preocupación. Ha sido para mí una prueba difícil, porque me he desconectado de mi poder, de mi capacidad. Hace tiempo integré la (falsa) creencia de que para una misma, tratarse es más difícil. Puede ser que haya puntos ciegos (que yo no veo en mí) y que haya cosas que son más complicadas, pero claro que puedo sanarme, todos podemos. En esta falsa creencia me he basado para estar fatal durante mucho tiempo, he sufrido más por la situación en sí, que por el dolor ¡Así que ya la he transformado! Como añadido, me han bloqueado muchísimo estos pensamientos: “si yo ayudo a la gente a estar bien, ¿cómo narices voy a estar yo mal? es una incongruencia” y “con lo que sé y lo que hago tendría que estar bien”. Esto ha sido como una losa para mí, que me sumía en la culpa, en el juicio… Pero ahora más que nunca sé, entiendo, admito y grito a los cuatro vientos si hace falta: YO NO ESTOY BIEN SIEMPRE. Sé que para ti que lo estás leyendo puede sonar lógico, incluso absurdo, pero para mí es muy importante contártelo, me quita un gran peso de encima. Siempre he tenido miedo de que la gente sepa por ejemplo: que me enfado, que grito, que no soy todo lo abundante que querría, que no tengo una salud “perfecta”, que tengo miedos, que tengo dudas, que siento culpa… porque si ayudo a los demás a solucionar todo esto ¿cómo puedo yo no tenerlo resuelto? Pues bien, estoy feliz de declarar que ¡YO ESTOY EN EL MISMO CAMINO QUE TÚ! En mi consulta la gente lo sabe, porque yo se lo digo. Pero internamente sentía esta presión de: “para ayudar a los demás, tú tienes que estar perfecta”. NO, porque no se ayuda desde la perfección, se acompaña desde la empatía, la compasión, el amor… Claro que hay muchas cosas en mi vida que ya he resuelto o que he podido superar, pero me quedan muchas otras… este es un larguísimo camino que nunca acaba, por eso seguimos vivos 🙂

El liberarme de esta gran carga me ha dejado libertad para ver donde estoy y donde quiero estar, sin distracciones, sin interrupciones. He podido dejar de juzgarme y darme cuenta (gracias a mi súper maestro Armando Solarte) de que meditar, estar conectada, ser muy espiritual, ser buena persona… no te libra de vivir la vida, y la vida a veces DUELE. Así que me pongo manos a la obra. Creo que lo más inteligente que podemos hacer es aprovechar cualquier situación que acontece para avanzar, para evolucionar. Para poder hacer esto debemos ser capaces de mantener la paz, la tranquilidad, nuestro amor, cuando todo se desmorona. Porque es desde ahí, desde donde puedo ponerme a trabajar, a mejorar, a cuidarme, a actuar. La duda, el miedo, el sufrimiento no te permiten actuar, y además, “conducen al lado oscuro” 😉

A lo largo de estos días y definitivamente ayer entendí el sentido de toda esta situación: LA CONFIANZA EN MÍ. Durante estos días he respirado, meditado y hecho varias cosas que me han ayudado mucho, gracias a eso podía dormir… pero no acababa de estar bien. Creo que el problema era que lo hacía desde mi creencia de: “esto es algo muy gordo que yo no puedo solucionar” (es irónico ya que tengo muchos clientes que salen recuperados de mi consulta, renovados, encantados, pero para mí, me veía incapaz de hacerlo). Uno de estos días, una persona súper importante para mí me dijo algo así: “no estás haciendo lo que tienes que hacer” y yo le pregunté en tono irónico si realmente creía que yo podía sanar este proceso; “claro que sí”, me contestó. Me di cuenta (de nuevo) que la gente cree más en mí que yo misma, me ve más capaz de lo que yo me veo. Así que ayer me senté a hacerme una sesión a mí misma (un poco obligada por esta misma persona…GRACIAS). Y para mi sorpresa, sucedió lo que sucede en las sesiones: una gran mejoría; estuve fenomenal y pude retrasar bastante la toma del analgésico. Lo que he tardado tantos días en aprender es que tengo que confiar en mí y en lo que hago, salir de esa “negatividad”,  porque si no confío en mí, tampoco puedo confiar en los demás (tratamientos o personas) ¡Y esto es lo que quería contarte sobre mi proceso!

Cuando estamos mal entramos en un circuito que se retroalimenta recordando y repitiendo todas las situaciones malas que hemos pasado, todas las veces que hemos fallado, que no hemos podido… y no vemos las veces que lo hemos hecho bien, que hemos conseguido lo que queríamos… Hay que hacer una toma de conciencia para salir de ahí. Entonces: cuando estoy mal, con miedo, sufriendo… ¿por dónde empiezo? PASA A LA ACCIÓN, HAZ ALGO. No te rindas, no esperes a que las cosas remitan solas, no te revuelques en tus “miserias”, siempre se puede hacer algo (meditar, sonreír, agradecer, respirar, pedir ayuda). Hay técnicas que enseñamos en la consulta y que son tremendamente eficaces y rápidas. Aquí os cuento la que para mí tiene más potencial: pon recta tu espalda, enfoca tus ojos hacia arriba e inhala sonriendo. Siente gratitud para ampliar los beneficios ¿Ya? SÍ, así de fácil… pruébalo. Este sencillo gesto provoca en nuestro cerebro (entre otras cosas) la activación de la corteza prefrontal, segregación de dopamina que te ayuda a sentirte mejor y además el cambio de postura genera en el cerebro un parón automático de lo que estaba haciendo (queja, miedo, angustia, ansiedad, bloqueo… todo esto no se refleja con esta postura en el cuerpo: espalda recta, ojos hacia arriba, sonrisa, barbilla alta… entonces el cerebro interpreta que ya tienes otra actitud) Pruébalo, respira así varios ciclos y notarás los cambios. Y desde ahí: ¿qué necesitas? ya puedes sentir donde estás y que puedes hacer. Esto amplía tu foco, te permite ponerlo en lo que quieres y no en “lo que estás sufriendo”. Puede que esté en tu mano solucionar la situación, puede que tengas que pedir ayuda… pero desde ahí tendrás la claridad necesaria para comenzar a solucionarlo. Y mira hacia delante, siempre hacia delante, no anticipes un pasado que no quieres repetir, anticipa un futuro deseable. Si necesitas quédate con creencias como: “no hay mal que cien años dure”, esas sí son mejores…

Si quieres, yo estoy feliz de acompañarte en NUESTRO camino de evolución.

 

 

 

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