Hoy voy a escribir sobre la importancia de hablar, sentir, mirar, escuchar desde el corazón. Cuando no miramos desde el corazón, estamos mirando desde nuestro ego, desde nuestras vivencias, desde nuestro pasado, nuestra interpretación, nuestros prejuicios, miedos y demás gaitas y eso nos mete en problemas. Cuando hacemos esto nos alejamos de la realidad, de la otra persona, de lo que está pasando en ese momento. ¿Te ha pasado alguna vez que has reaccionado de una manera concreta ante alguien y te ha dicho que su intención no era esa? Seguro que sí; eso es debido a que lo que pasa lo interpretamos subjetivamente, en base a lo que pensamos o creemos, en base también a nuestro estado de ánimo. Esto se hace de manera automática y entran muchos factores. Explico más sobre ello aquí y en otros artículos sobre la realidad que puedes leer en este mismo blog. Pero hoy quiero llevar la atención a desde dónde nos relacionamos.

Sobre Dragones y Princesas

Me gusta mucho la metáfora de Armando Solarte, mi maestro de Pnit, de los dragones y las princesas. Él nos explica lo siguiente: todos y todas tenemos virtudes, son por ejemplo: la capacidad de amar incondicionalmente, la bondad, la fortaleza, honestidad, templanza, el respeto, la paciencia, la amabilidad, el esfuerzo, la esperanza, el humor… Todo esto está dentro de nosotros, son nuestras virtudes, nuestras princesas. Pero a lo largo de nuestras vidas vamos enfrentándonos a situaciones que nos hacen sufrir y tenemos la necesidad de protegernos. Para proteger a estas virtudes, creamos los dragones, que nos defienden de los posibles ataques hacia nuestras Princesas. Estos Dragones son por ejemplo: el miedo, la culpa, la ira, el control, la vergüenza, la pereza, la soberbia, el juicio… y salen cuando nos sentimos amenazados, o si creamos el hábito: en automático.

Entonces para proteger a nuestras princesas las escondemos y así vivimos rodeados de dragones. Escondemos la capacidad para amar porque ya nos dolió bastante, «nos hicieron daño». Escondemos la sensibilidad por el miedo a que se rían de nosotros. Escondemos la templanza, porque el de enfrente es fuerte… Escondemos la sinceridad porque nos da miedo lo que opinan los demás. Escondemos la esperanza para no soñar despiertos. Escondemos la bondad, por miedo a que la gente se aproveche de nosotros. Escondemos la capacidad de disfrutar porque nos educaron en la culpa. Escondemos hasta la alegría por miedo al qué dirán. Escondemos el humor por no parecer «tontos»… es de locos. Para «protegernos» tenemos que pagar un alto precio y al final nos perdemos tanto… Me da pena cuando pienso en ello. Podríamos disfrutar mucho más, ser mejores, más felices, aportar tanto si nos dejáramos SER, sin miedo, sin culpa, sin juicio.

Muchas personas funcionan con sus dragones en «automático» y los dragones despiertan dragones. Así que si veo que alguien viene hacia mí con su dragón preparado, preparo los míos, no vaya a ser que me ataque. De lo que no nos damos cuenta es que nuestras princesas pueden domar a los dragones propios y ajenos. Son más fuertes, más inteligentes, más sabias y poderosas. Las princesas viven en tu corazón, están ahí, búscalas y verás. La princesa de la compasión es capaz de calmar al mayor de los dragones, porque ella le entiende, empatiza, ama… y eso hasta un dragón lo nota. Así que yo intento ir siempre a mi corazón, a visitar a mis princesas para que guíen mi día a día. Desde luego hay veces que los dragones salen primero, pero trato de domarlos, de controlarlos confiando en la vida, en la gente y en mí. Muchos dragones salen con quien más queremos, es curioso. El otro día en el curso que hacemos en Alternativa Holística sobre parar la mente, hablábamos precisamente de esto: con las personas que más quieres se dan muchas veces los mayores enfrentamientos. Llegamos a la conclusión de que donde hay amor también hay dolor; y además, básicamente, «donde hay confianza da asco». Sacamos nuestros peores dragones con nuestros seres queridos porque ellos nos soportan, nos aguantan porque nos quieren.

Pero yo desde aquí hago un llamamiento para que llenemos el mundo de virtudes: ¡despierta a tus princesas, sácalas antes! Así las demás personas las verán y no tendrán la necesidad de defenderse a base de dragones; es una reacción en cadena. Para ello, antes de nada: respira en tu corazón, siente la fuerza que tienes dentro, siente el amor hacia ti, hacia los demás y confía. La gente lo nota y de hecho se siente atraída hacia las princesas, porque se vive mucho mejor con ellas. Yo siempre doy gracias a los dragones por estar ahí, por haberme protegido tantos años, pero les digo que ahora mis princesas cada vez son más fuertes, que cada vez están creciendo más y más, y los dragones las respetan, les dejan actuar. Además, si es necesario, las princesas pueden usar a los dragones ya domados… que poderosas, ¿verdad? 😉

Dragones y Princesas

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